Evaluación Fisioterapeutica

Titular. Lic. Josué Olivares

 

La fisioterapia es el concepto actualizado y amplificado de la especialidad reconocida como medicina física y rehabilitación. Significa por tanto, entre otros aspectos, la utilización de agentes físicos para el diagnóstico y tratamiento de diversas afecciones, sobre todo del sistema musculoesquelético, pero además dispone de procedimientos tendientes a reintegrar a la sociedad a un discapacitado en las mejores condiciones posibles desde los puntos de vista físico, psíquico y social.

Las técnicas de fisioterapia cobran en medicina del deporte una relevancia de primera magnitud porque:
a) se convierten en procedimientos fundamentales en el tratamiento de lesiones;
b) los agentes físicos son importantes auxiliares del entrenamiento y en la recuperación del deportista luego del esfuerzo;
c) los métodos de rehabilitación que se utilizan tienen total vigencia aplicados a deportistas a los que se ha intervenido quirúrgicamente o han sufrido lesiones graves.

Agentes físicos utilizados: se da una lista de los elementos físicos que pueden utilizarse para el tratamiento de las lesiones, así como para colaborar en el proceso de preparación del futbolista:

  • Crioterapia
  • Termoterapia
  • Hidroterapia
  • Masoterapia
  • Electroterapia
  • Ultrasonoterapia
  • Laseroterapia
  • Mecanoterapia
  • Reeducación
  • Presoterapia


El ejercicio terapéutico.
Día a día en nuestro país y en otros lugares del mundo, gente de diversas edades se van incorporando a las actividades físico-deportivas, porque esta actividad es un factor de bienestar para la salud. Es obvio que los “profesionales de la salud” deben aportar sus conocimientos a todos aquellos que practican una actividad física. Los efectos de llevar a la práctica algún deporte, actividad física o recreación, se han difundido y está demostrado que efectivamente existe un beneficio tanto físico y psicológico como socialmente, siempre y cuando los programas para realizar dicha actividad, sean específicos para cada practicante, entendido de este modo que el deporte no es sinónimo de salud, ya que puede causar lesiones estructurales y orgánicas si no está bien dosificado: los efectos del entrenamiento en diversos órganos y sistemas, pueden alterar la función y modificar su estructura, aun cuando esto no sea necesariamente patológico. Es pues el ejercicio, un medio para llevar al funcionamiento óptimo toda la economía humana. Si bien, en cada uno de los Juegos Olímpicos, se rompen récords o marcas, aún nos encontramos lejos de saber cuáles son los límites de las capacidades físicas que un hombre o una mujer puedan alcanzar.

Aunque no se ha definido completamente la relación exacta entre el ejercicio y la enfermedad, cada vez se dispone de más datos que indican que del ejercicio se deriva un gran beneficio cuando se realiza para la promoción de la salud, la prevención y tratamiento de la enfermedad. El ejercicio regular da lugar a cambios en el cuerpo humano de forma específica y relativamente predecible. Estas adaptaciones se producen tanto a nivel central como periférico e incluyen cambios estructurales, hormonales y bioquímicos. Como para la medicación, existe también para el ejercicio una curva de dosis-respuesta que debe considerarse a la hora de desarrollar programas seguros y eficaces. Cuando más nos familiarizamos con los muchos efectos potencialmente positivos del ejercicio, más convencidos estamos que no es sólo como un complemento, sino un arma fundamental de nuestro arsenal terapéutico.

Una prescripción de ejercicio debe incluir instrucciones específicas por escrito en cuanto al tipo, intensidad, duración y frecuencia del mismo. El médico general debe diseñar un programa de ejercicio para cada individuo, basado en sus objetivos, necesidades, nivel de forma física y enfermedades previas o presentes. Sobre el ejercicio podemos decir: existe la necesidad de crear una cultura sobre las actividades físicodeportivas. Puede ser usado como medida preventiva para muchas enfermedades, como un medio de rehabilitación y como un medio para tratar dichas enfermedades. No es este el lugar para mencionar los efectos del ejercicio en enfermedades como la hipertensión arterial, diabetes, obesidad, enfermedades degenerativas, o los beneficios que se obtienen en el crecimiento y socialización de los niños o en prolongar la calidad de vida en los grupos de la tercera edad.

Prescripción del ejercicio. Descartada alguna alteración orgánica gracias a una historia clínica completa, es de gran importancia adecuar dicha prescripción a los resultados deseados y a las actividades favorecidas por el paciente. Si éste disfruta caminando, es obvio que no se le recomendará la natación.

Cuando se realiza la prescripción de un ejercicio deben tenerse en cuenta dos principios: la sobrecarga y la especificidad. La sobrecarga, en resumen, consiste en la aplicación de una exageración progresiva sobre aquellos sistemas corporales que están siendo ejercitados para conseguir la adaptación y la progresión. A medida que el cuerpo va adaptándose a cada nivel de estimulación, los progresos fisiológicos van siendo evidentes. La especificidad se refiere a aplicar los programas en forma deliberada a ciertos sistemas metabólicos y fisiológicos, por ejemplo, si se quiere mejorar el metabolismo aeróbico, se diseña un programa de resistencia como la caminata, trote, carrera, ciclismo, es decir, aquéllos donde el entrenamiento sea prolongado y el individuo lo pueda soportar, y por el contrario no se prescribe un programa donde los esfuerzos sean máximos, a toda intensidad y de poca duración.

Siguiendo estos dos principios básicos, se prevendrán la mayoría de las lesiones por sobreuso y se contribuirá a la adhesión al programa de ejercicios, evitando el abandono por cansancio o aburrimiento a dichos programas. Después de cuatro a seis semanas de entrenamiento adecuado las respuestas generales y los programas van siendo evidentes. Cuando los sujetos no son deportistas y los ejercicios aeróbicos consisten en cubrir distancias medianamente largas, se obtienen resultados satisfactorios. Este método es fácil de cuantificar, mejora el sistema cardiorrespiratorio, ayuda a controlar el peso, mejora el sueño, disminuye el estrés, facilita el proceso de digestión, produce más energía celular en forma de moléculas de ATP, gracias a la reproducción de las mitocondrias en mayor cantidad y calidad.

Cantidad de ejercicio. Los efectos mencionados arriba, dependen sobre todo de la frecuencia, la intensidad y la duración del ejercicio. El grado de actividad recomendada supone:
1) una frecuencia de entrenamiento de 3 a 5 días por semana,
2) una intensidad de entrenamiento del 60 al 90% de la FCM (frecuencia cardiaca máxima). La frecuencia cardiaca máxima se calcula 220- edad, como ejemplo, para un joven de 20 años de edad, su FCM es de 200, esta cifra representa el 100%). El principio de la sobrecarga es empezar por porcentajes bajos, digamos al 60% de la FCM y conforme se adapte el organismo al entrenamiento aumentar la carga, lo que sucede por lo regular cada tres a cuatro semanas de entrenamiento continuo,
3) una duración de actividad superior a los 20 minutos (para producir los efectos fisiológicos y bioquímicos) aunque es recomendable para los principiantes empezar con tiempos más cortos, es decir con 10 minutos. Cuando se alcanza entre 20 y 30 minutos se dan los efectos ya mencionados.


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